Agnès Varda, igual que mi abuela, me enseñó muchas cosas

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Todavía en 2019 tenemos que derribar los tabiques del relato. Todavía en 2019 es complicado ser mujer en muchos sectores laborales como el audiovisual, en el que ser el sujeto creador y no el objeto parece seguir constituyendo un pequeño porcentaje. Es por ello que desde Lucky Girls queremos comenzar esta sección haciendo un pequeño homenaje a Agnès Varda y reivindicando al mismo tiempo el cine hecho por mujeres.

Varda, aunque nunca ha querido convertirse en la cineasta estandarte del feminismo y tampoco ha sido la primera mujer en hacer cine (no olvidemos, como lo ha hecho la historiografía durante años, a Alice Guy, Lois Weber, Leni Riefenstahl o Maya Deren), sí ha sido pionera en hacer un llamamiento a las mujeres para que se pusieran tras la cámara e hicieran cine en una época en la que estas eran de forma prioritaria musas y objetos de deseo de los directores.

Agnès Varda fue una mujer sabia y generosa, llena de energía y bondad. Comienza a hacer cine en el contexto de la Francia de los 50, una época de avances culturales que explosionarán en los años 60, con el Mayo del 68 francés como punto álgido. Es también a finales de los años 50, cuando comienza a desarrollarse la llamada Nouvelle Vague, caracterizada por su cine libre de convenciones, un cine fresco y novedoso que pretendía alejarse del cinema de qualité hecho en Francia hasta entonces.

 
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Entre la Nouvelle Vague y la Rive Gauche está Agnès Varda, rodeada de los miembros que conforman estos movimientos; nos sonarán Godard, Truffaut, Chabrol, Chris Marker, Resnais…y ella. 💘 Nunca lo tuvo fácil para hacer cine, ni siquiera cuando su trabajo comenzó a ser reconocido, sin embargo consiguió mantener una carrera de más de 60 años con trabajos que la convierten en referente de la historia del cine, y de la historia del feminismo. Podríamos nombrar como ejemplos (o simplemente como mis favoritas) La Pointe Courte (1955), Cléo de 5 à 7 (1962), Réponse de femmes: Notre corpe, notre sexe (1975) que bien se podría haber escrito ayer y seguiría teniendo sentido, o Les glaneurs et la glaneuse (2000).

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Agnès Varda me enseñó a reconocer la belleza de lo ordinario, a utilizar la curiosidad como una herramienta, la importancia de la generosidad y la luz de lo espontáneo. Mi abuela también me ha enseñado esas cosas aunque ella no lo sepa porque lo hace sin darse cuenta. Ella es una de las personas que más quiero en el mundo y eso ha hecho que muchas veces me sienta muy cerca de Agnès. Hablando de esto pienso mucho en la importancia de que existan referentes femeninos en los que nos podamos ver reflejadas, y agradezco mucho a Agnès su incansable trabajo por cambiar el relato cultural, por buscar la igualdad y por situar a la mujer en el centro de la historia.

Mme Varda, vous allez nous manquer💔

Anaid @electricsquirrel

Weekend Cinema ClubAnaid